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Científicos observan, por primera vez, un agujero negro devorando una estrella

16 Junio 2018
Científicos observan, por primera vez, un agujero negro devorando una estrella

En el trabajo, cuyos resultados se han publicado en la revista 'Science', han colaborado investigadores de 26 instituciones internacionales, entre ellas el Centro de Astrobiología (centro mixto del CSIC y el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial) y la Universidad de Valencia.

Los científicos españoles -que formaban parte del equipo internacional encargado de la investigación- pudieron ser testigos de este 'almuerzo' del agujero negro gracias al telescopio infrarrojo WHT, que detectó en 2005 un reventón de calor dentro del núcleo de la galaxia Arp 299 -situada en la constelación de la Osa Mayor, a unos 150 millones de años luz de la Tierra-.

La estrella pasó cerca del agujero negro y "la mitad del astro salió despedido para no volver nunca más", mientras que la otra mitad "cayó bajo la atracción gravitacional del agujero". Ahí, una estrella del doble del tamaño del Sol, colapsó al momento de acercase a un agujero negro con una masa de más de 20 millones de Soles.

El destello inicial de la estrella se expandía en una misma dirección a unos 75,000 kilómetros por segundo.

La súbita inyección de material produce un brillante destello (visible en rayos gamma, rayos X y óptico), seguido, entre otros, de la formación de un chorro de material que se mueve a velocidades muy cercanas a la de la luz.

Miguel Perez-Torres del Instituto de Astrofísica de Andalucía comentó, "Nunca antes habíamos podido observar directamente la formación y evolución de un jet relativista de uno de esos eventos".

De esta manera los investigadores lograron ver cómo se formó el chorro de materia relativista o jet relativista en el momento en que la gravedad del agujero negro desgarró a la estrella y la hizo desaparecer.

La mayoría de las galaxias albergan en sus regiones centrales agujeros negros supermasivos; se trata de objetos con un campo gravitatorio tan intenso que ni la luz puede escapar, aunque gran parte del tiempo estos no devoran nada. Se cree que estos eventos fueron más comunes en el universo temprano, por lo que su estudio contribuye a entender el entorno en el que se desarrollaron las galaxias hace miles de millones de años.