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Ejecutaron a Shoko Asahara, ideólogo de la cruenta masacre de Tokio

08 Julio 2018
Ejecutaron a Shoko Asahara, ideólogo de la cruenta masacre de Tokio

Tokio, 6 Jul (Notimex).

Dentro de Verdad Suprema, la figura de Asahara tenía un carácter casi divino, lo que se podía observar en las numerosas representaciones del líder y en el éxito de los numerosos libros que publicó en esas fechas.

El jefe de la secta Verdad Suprema (Aum Shinrikyo) había sido condenado a muerte en febrero de 2004. Uno de sus preceptos era prepararse para el fin del mundo.

Japón vivió ayer un momento de catarsis con la ejecución del fundador de la secta Verdad Suprema, Shoko Asahara, y seis de sus seguidores, artífices del peor atentado terrorista de Japón, los ataques con gas sarín en el subte de Tokio en 1995.

"Los ataques perpetrados por Aum eran injustificables y los responsables merecían ser castigados".

En total, 12 seguidores habían estado en el corredor de la muerte con Asahara por diversos crímenes en los que 27 personas murieron. Los otros son Tomomasa Nakagawa, Tomomitsu Niimi, Kiyohide Hayakawa, Yoshihiro Inoue, Seiichi Endo y Masami Tsuchiya, según el ministro de Justicia japonés, Yoko Kawakami.

Los crímenes por los que fue condenado también incluyen los asesinatos de un abogado, su esposa y su hijo de un año en noviembre de 1989 y otro ataque con gas sarín en la ciudad de Matsumoto, que dejó 8 muertos y 600 heridos.

La secta acumuló armas químicas, biológicas y convencionales para llevar a cabo los crímenes ordenados por Asahara, previo a un enfrentamiento apocalíptico con el gobierno. "Creo que les parecería lamentable no haber escuchado la noticia de su ejecución".

El proceso ha durado 20 años y ha sentado en el banquillo a 190 miembros de la secta.

"El ataque con sarín en Tokio, en 1995", informa el Japan Times, "es recordado como un evento decisivo que dañó profundamente la sensación de seguridad que muchos de los japoneses sentían en la posguerra".

"Los ataques perpetrados por Aum fueron despreciables y los responsables merecen ser castigados. Sin embargo, la pena de muerte nunca es la solución", apuntó por su parte Hiroka Shoji, investigador sobre Asia del Este en Amnistía Internacional.

"La justicia exige rendición de cuentas, pero también respeto por los derechos humanos de todos".